Y la mamá le dijo a Caperucita “ya sieso que vas pa’llá, traete unos caracoles”, la mocica, que además de roja era obediente cogió su cestica y se marchó por la huerta de “caza”.  Uno por aquí, otro por hayá la cestica iba llenando, cuando de pronto detrás de una mata borraja se le apareció el lobo (no, el del turrón, no) y le dijo susurrante “nena, tú vales mucho”, Caperucita que era roja, obediente y cándida, le contestó – ¡huy, tú no eres del barrio!, a lo qué el lobo (que llamaremos Ramces) añadió, – ¿siempre cojes los caracoles aquí?, hay un huerto aquí al lado que los tiene gordísimos… ¿vienes?   Caperucita que era roja, obediente, cándida y pava, fué y en efecto eran muy hermosos a lo que llenaron la cesta en un plis plas.  Agradecida le dijo a Ramces que si quería acompañarla a casa de la abuelita, que el bosque era oscuro y le asustaba, a lo que éste respondió con una sonrisa blanca y recién alicatada que siiiií…

Pero nosotros tenemos trabajo asi que al lío! Los caracoles una vez limpios los “engañaremos” en una perola de agua fría con sal y una hojica laurel a fuego lento.  Los escurrimos bien y en una sartén con aceitico bueno les damos un refrito con algo de tomillo o romero (reservamos).  La borraja, como siempre, cortamos unos bastoncillos y la cocemos “al dente”.  El foie fresco lo trocearemos a cuadritos y lo pasaremos por la plancha, si ha soltado mucha grasa quitaremos y lo juntaremos todo en la sartén para que los sabores se mezclen.  Y ya está.

Sobre los caracoles deciros que el verde está echo con las hojas de la borraja y foie y el otro es mermelada de higos de El Ababol (de Foz-Calanda), impresionante.  Quiero también y sobre todo agradecer a restaurante Novodabo el permiso concedido para plagiarle el efecto de los caracoles “andando por el plato”.  Que este pedazo de restaurante se fije y escuche a poquita cosa como yo, da una idea de su enorme grandeza.  Gracias.

Y mientras Ramces se despertaba con una dulce sonrisa que se tornó en sorpresa al verse desnudo y una nota en la mesilla que decía “feliz cumpleaños, lobito”.  En efecto Caperucita que era roja, obediente, cándida y pava… se lo cepilló.

Feliz Navidad.

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