Blanca y Mari iban como locas por las dependencias del local, todo era ajetreo y meneo y fogones con salseo.  Estaban esperando alguien o algo pero en su nerviosismo tenían “atacaos” a los clientes del bar, que les suplicaban casi llorosos, que se relajaran una miaja.  Ellas a lo suyo.  Mari capitaneaba la sala con “aire” musical (mientras escuchaba a Mecano), gritando aquello de “soñé por un momento que era aaaaaaaaire”…  De pronto Blanca desde la cocina gritó “eso, eso, aire!”.  Sin dudarlo atrapó con destreza una borraja y se puso a buscarle las hojitas tiernas entre el follaje, satisfecha con lo encontrado rezaba para sus adedsc_1922ntros, estás van en tempura con vino de Fuendejalón.  Con la mezcla de harina y agua fría en su punto, iba añadiendo el vino tinto con cautela, para conseguir un sabor sabroso pero sin riesgos.  Mari por otro lado ultimaba la sala y la dejaba engalanada como para fiestas “la visita lo merece” comentaba.  Blanca había preparado una sartén con aceite de girasol en el cual iba echando las borrajas bañadas en tempura y fríendose con brío consiguiendo que se quedaran huecas “como con aire”.  El toque sexy vino cuando añadió unos pétalos de sal de garnacha, que hacen en casa.

De pronto la puerta del local se abrió de par en par y un haz de luz blanca recortaba una silueta familiar, Blanca y Mari se mirarón con emoción y rubor, cuando una voz madura dijo, “hola! soy Silverio y os traigo las primeras Garnachas de la temporada”, ellas se cojieron de la mano, se abrazaron con locura, saltaban con desmelene y lloraron de felicidad, ah! y merendaron.

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