Celestino paseaba por el centro de Zaragoza buscando corbata para la ocasióndsc_2001 pero no encontraba nada chic! que llevarse al cuello. Se aburría y de forma inconsciente empezó a mirar escaparates aludiendo al buen o mal gusto de éstos, (de joven estudió en Teruel y algo de arte se le quedó).  Al dar la vuelta se topó con un escaparate nuevo, lleno de motivos navideños donde colgaban rodajas de limones, naranjas, pomelos y demás cosas de éstas, frutas repartidas por todo el espacio y unos cuadros alusivos a creaciones gastronómicas.  Una gran ventana a la que enseguida sugirió “le faltaba nieve” mirando mas detenidamente el escenario observó unos ramilletes de -rosas de manzana, fresas con cholotate de color, figuras en calabaza y mangos tallados (lease fruta)- nó, borraja no había.  Era, el Desván de las Frutas que Querían ser Princesas.   Celestino de pronto puso el grito en el cielo y fué corriendo al bar de enfrente, entró a la cocina (así porque yo lo valgo) cogió un cazo con agua, lo puso a hervir, cuando estaba en plenitud metió un huevo (de gallina) y contó 3 minutos.  Una vez fuera lo cascarilló por arriba con una cucharita, quito el sombrero de la clara dejando al descubierto un oceano de yema sedosa en el cual, pensó en introducir unos Bastones de Borraja que tenía el cocinero por ahí.  Cató, alucinó y salió corriendo otra vez al escaparate, una vez dentro depositó el huevo con los bastones en una zona específica y añadió “ahora si que está completo y glamuroso” justo a la vez que la moza de la tienda le invitaba a salir con una escoba del tamaño de la Torre San Gil.  Montón de descabezaos hay en éste barrio, comentó Eva.

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