Pocholo y Bartolo diseñaban con afán un nuevo prototipo de “introducción de agua destilada en el circuito energético del generador de la M-2, sin wiffi”, ponerse muy de acuerdo no es que se pusieran, para Bartolo lo principal era tener acceso a todas las operaciones y “menearlas a su gusto”, mientras que para Pocholo (más elegante y cosmopolita) lo principal era el diseño, la ergonomía y los colorines.  Avanzaba la mañana entre -haz lo que quieras, pero hazlo- o cositas cariñosas como -que taraos estais los maquinistas- hasta que llegarón las 14h. y se fueron a comer.  Hacía un frio del carajo y a Bartolo se le antojaron (vdsc_2082amos, que si no come revienta) unos boliches.  En la Taberna, el cocinero los preparaba con Borraja Agridulce (plato estrella de la casa) y además oficiaba en sala.  Sin pensarlo más, Maximiliano el cocinero, se dispuso a ello.  En la tartera de barro salieron ya cocidos los boliches que añadió eran de Luesia (delicatessen) con su tocinico y jamón y esas cosas.  En un bote aparte aparecieron las entre hierbas aromáticas, pimientas, granos de mostaza… Bartolo preguntó y Maximiliano explicó que en uno de sus viajes por el Picarral, un oriundo de la zona le contó la receta y que desde entonces no ha dejado de usarla en su cocina.  Cortó la Borraja del tamaño de un centímetro y la añadió a los platos rodeándolas después con los boliches, salpicando finalmente con pimentón, del Copón! sentenció Maximiliano.

Pocholo y Bartolo se pusieron como gorrinicos pero seguían sin ponerse de acuerdo en como realizar el trabajo, por lo que decidieron dejarlo para mañana (cosas de mecánicos y maquinistas) y además no quedó ni un boliche de Luesia, ni uno.

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