Perdonaaaa, me quieres decir que quieres hacer “eso” en mi restaurante? no hija, no!  Así comenzaba un miércoles en Casa Pulido, convenciendo a Genaro para hacer un yogur.  Iris le hablaba de nueva cocina, de vanguardia e incluso de tendencia, pero él se sentía agusto en lo suyo, aunque reconocía en ella una gran pasión por descubrir y una sonrisa que le impedía decirle no.  Ya verás, vamos a crear un dulce con lo que no dsc_2122es y tú serás el primero en probarlo, -apañada vas muchacha! contestó Genaro.  Iris cogió la borraja por banda y la pasó a cuchillo, vainas y hojas verdes fueron al puchero a escaldar, para enfriar después bajo el grifo, triturar y escurrir.  Mientras ésto pasaba Genaro había ido a la tienda, -griego te traigo, le susurró a Iris.  Estuvieron riendo un rato y volvieron al tema, al yogur le puso un poquito de azucar y unas ralladuras de chocolate blanco generosas.  Las avellanas ya las tenía machacaditas y las colocó en la bola, seguidamente las cubrió con el yogur (ya todo mezclado)  faltaba coronar con la borraja y la verdad iba un poco despistada hasta que de pronto gritó, copón! ya lo tengo.  A la borraja le añadió la yema de un huevo y creyó conveniente incorporarle una cucharadita de miel y pimienta negra, (así, porque yo lo valgo) el resultado le hizo llorar (un poquitico solo).  Lo añadió al yogur con cuidado y fué cuchara en mano a ofrecerle a Genaro el resultado, éste probó, rió y saboreo con salero dando su aprobación en cada cucharada -oye y la fresa?  -unta tontorrón, unta.  Chis púm!

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