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Perdonaaaa, me quieres decir que quieres hacer “eso” en mi restaurante? no hija, no!  Así comenzaba un miércoles en Casa Pulido, convenciendo a Genaro para hacer un yogur.  Iris le hablaba de nueva cocina, de vanguardia e incluso de tendencia, pero él se sentía agusto en lo suyo, aunque reconocía en ella una gran pasión por descubrir y una sonrisa que le impedía decirle no.  Ya verás, vamos a crear un dulce con lo que no dsc_2122es y tú serás el primero en probarlo, -apañada vas muchacha! contestó Genaro.  Iris cogió la borraja por banda y la pasó a cuchillo, vainas y hojas verdes fueron al puchero a escaldar, para enfriar después bajo el grifo, triturar y escurrir.  Mientras ésto pasaba Genaro había ido a la tienda, -griego te traigo, le susurró a Iris.  Estuvieron riendo un rato y volvieron al tema, al yogur le puso un poquito de azucar y unas ralladuras de chocolate blanco generosas.  Las avellanas ya las tenía machacaditas y las colocó en la bola, seguidamente las cubrió con el yogur (ya todo mezclado)  faltaba coronar con la borraja y la verdad iba un poco despistada hasta que de pronto gritó, copón! ya lo tengo.  A la borraja le añadió la yema de un huevo y creyó conveniente incorporarle una cucharadita de miel y pimienta negra, (así, porque yo lo valgo) el resultado le hizo llorar (un poquitico solo).  Lo añadió al yogur con cuidado y fué cuchara en mano a ofrecerle a Genaro el resultado, éste probó, rió y saboreo con salero dando su aprobación en cada cucharada -oye y la fresa?  -unta tontorrón, unta.  Chis púm!

Pocholo y Bartolo diseñaban con afán un nuevo prototipo de “introducción de agua destilada en el circuito energético del generador de la M-2, sin wiffi”, ponerse muy de acuerdo no es que se pusieran, para Bartolo lo principal era tener acceso a todas las operaciones y “menearlas a su gusto”, mientras que para Pocholo (más elegante y cosmopolita) lo principal era el diseño, la ergonomía y los colorines.  Avanzaba la mañana entre -haz lo que quieras, pero hazlo- o cositas cariñosas como -que taraos estais los maquinistas- hasta que llegarón las 14h. y se fueron a comer.  Hacía un frio del carajo y a Bartolo se le antojaron (vdsc_2082amos, que si no come revienta) unos boliches.  En la Taberna, el cocinero los preparaba con Borraja Agridulce (plato estrella de la casa) y además oficiaba en sala.  Sin pensarlo más, Maximiliano el cocinero, se dispuso a ello.  En la tartera de barro salieron ya cocidos los boliches que añadió eran de Luesia (delicatessen) con su tocinico y jamón y esas cosas.  En un bote aparte aparecieron las entre hierbas aromáticas, pimientas, granos de mostaza… Bartolo preguntó y Maximiliano explicó que en uno de sus viajes por el Picarral, un oriundo de la zona le contó la receta y que desde entonces no ha dejado de usarla en su cocina.  Cortó la Borraja del tamaño de un centímetro y la añadió a los platos rodeándolas después con los boliches, salpicando finalmente con pimentón, del Copón! sentenció Maximiliano.

Pocholo y Bartolo se pusieron como gorrinicos pero seguían sin ponerse de acuerdo en como realizar el trabajo, por lo que decidieron dejarlo para mañana (cosas de mecánicos y maquinistas) y además no quedó ni un boliche de Luesia, ni uno.