Pues nada, que andaba desmadrao tanta fase y tanta leche que me dije, me voy a hacer unos fritos… con Borraja.  En casa somos de fritanga, osea, el aceite lo llevamos en vena. Vamos al tajo, el de abajo a la izquierda son unos pimientos de Guernica rellenos de un puré de patata con oliva negra del Bajo Aragón, yema de huevo de codorniz y tropezones de Borraja, rebozados en un crunch de harina/huevo/pan rallado.  La chulada es que al partir el pimiento la yema se desparrama por el plato creando la untuosidad perfecta.  El de la derecha superior, son unas croquetas de borraja con queso Bunker de la quesería O’Xortical en Villanua, es un azul, muy fresco y fantástico a partes iguales, no se encuentra siempre en tienda, pero insistir, merece mucho la pena. (La Rinconada del Queso). El izquierdo superior es un capricho celestial, muy facil de hacer y muy rápido de comer… se trata de un rollito de jamón de Teruel (muy finico) con borraja y rebozado en gabardina, ya sabeis, harina, cerveza, sal, y algo de colorante alimentario creando una textura como de mahonesa, lo freímos en abundante aceite y a disfrutar.  Y por terminar nos queda el enrollado pintón, que consiste en una anchoa salmuera con borraja y pasta Kataifi, es muy resultona pues todos los “hilos” de la pasta se quedan crujientes y molones.  Y para rematar esta tapa, la raspa de la anchoa la freís también, rápidamente, quedando una textura super crunch que se rompe en boca.

Bueno, así fué la sesión de fritos, espero os animeis y chorreeis aceite.  Un abrazo sincero a todos, creo…

Parece un título de ferretería, parece una revista de calzoncillos, parece incluso la octava maravilla del mundo según Marijose le estaba contando a Pepe.  Tiene textura, tersura y cremmm… la borraja le aporta jugosidad, locura, exótico e hipnótico.  Cómo hemos podido llegar a la luna sin probar ésto, Pepe? increpó Marijose.  No lo sé, yo sólo le enseñé un truquito, pero éste tío todo lo lía con borraja, y fué hace tres mil años ya no me acuerdo.  Bueno, eran 100g. de nata por 150 g. de chocolate tipo postres y lo mismo de “con leche” común, más chorradica corta de coñac.  Se bate todo y al congelador, tanto para hacer las bolas como para guardarlas después. Ya, bién bueno y lo de la borraja? Cosas de él, añadió Pepe, ya te he dicho que lo lía todo con borraja…y el truquito? susurro Marijose en la orejita del chaval.  Bueno éso es para desinhibir la cuarentena, para mandar los niños a la cama, haciendo un hoyuelo en la trufa, añadiendo unas gotas de AOVE junto a unas escamas de sal, de ésa forma el chocolate intensifica su sabor, aroma y seducción.  Qué listo eres Pepe, anda, apaga la luz…

Fortunato salió a pasear con Lola, su gallina fardona, por los campos del Picarral.  Iban los dos la mar de entretenidos “hablando” de sus cosas y recogiendo todo el sol de Marzo para el cuerpo, de pronto Lola se quedó prendada de una planta, al lado del ribazo, que surgía ergida y chulesca y con unos pinchos defensores por toda ella.  No hacía más que dar vueltas, olerla y picotearla, Fortunato se coscó del tema y le explicaba que eso era borraja silvestre y que crecía alegremente donde le daba la gana, pero Lola, pica que te pica, de tal manera que terminó por cortarla y llevarla para casa.  Una vez allí la arregló, coció (al dente) y añadió chorrito de aceite del bueno.  Lola estaba algo pesada con querer meterle el pico a la borraja hasta el punto que puso un huevo (de la emoción supongo) lo cual a Fortunato le vino de perlas.  Preparó un buen plato, separó la yema añadió sal y nuez moscada, dispuso la borraja alrededor y se sentarón.  Lola no untaba en la yema (no le parecía ético) pero sin quererlo habían inventado un plato sedoso, nutritivo y escandalosamente gracioso.  Por supuesto en el corral no se hablaba de otra cosa pero ellos a lo suyo viendo la tele…

Quique Shermans caminaba por las calles de La Madalena sin mucho afán, la noche estaba fría y no se encontraba con arte para volver a casa.  Al volver la esquina encontró un perrete tristoso que pedía cariños (y algo de comer), nada llevo amigo, le susurro Quique, pero algo podremos hacer, por el momento te llamaré Daniels.  Fueron a la taberna de Borja, gran amigo y compañero de whiskies.  Como siempre las risas napaban el Jazz del tocadiscos y el alcohol se hacía disfrutar.  Daniels (el perrete tristoso) movía las orejas para ver si Shermans lo “invitaba” a cenar, pero las risas continuaron durante largo rato y el Jazz también, pero de pronto a Quique se le iluminaron los ojos y gritó, Daniels hoy cenamos pollo, es más cenaremos Jack’Pollo.  Se despidieron de los parroquianos que andaban a la “Luz de la Luna”, abrazos machotes para Borja, besitos amables para Rocio y Guau para el otro.   Ya en casa preparó unos medallones de pechuga los cuales rebozó con un pan crujiente y frió, fue a la despensa en busca de sirope de Arce, al abrirlo le vino un toque ahumado de la madera del la que tambien se alimenta el Jack Daniels durante su elaboración, no puede fallar, comentaba Quique, lo ligaremos hasta tener un poco de los dos en una cuchara, el perrete tristoso dijo guau.  Todo gran plato necesita un ingrediente fetiche y no lo dudó, cortó unas hojicas pequeñas de Borraja y las frió en 5 segundos.  Con todo ello y una palomita preparó un gran plato (a los pollos le gustan las palomitas) Sintiose feliz por la cena y Daniels añadió, guau! Sabes chico un día de estos montamos un Club, Shermans estaría bien y sí te toca bajar la basura.

Ocurrió, tras varios años esperando han visto la luz las Borrajas Agridulces.  Ha merecido muchísimo la pena, la decisión de ponerlas en manos de las hermanas Molina, artesanas de lo encurtido y buena gente en general fué la mejor que pudimos decidir.  Estas muchachas son un angel pero debes respetar sus tiempos, todo se hace cuando se debe ni antes ni después, no quieras marcar, aquí las únicas que lo hacen son ellas porque sus productos se preparan cuando la naturaleza y sus estaciones lo dicen, por eso todas sus referencias están catalogadas siempre como “de lo mejor”  Ellas viven del campo y digamos que han creado un vínculo que no sabes donde empieza y acaba esta relación.  De ello nos beneficiamos todos en general y estas Borrajas en particular.

 

Lo dicho disfrútense y recuerden, si es “deMolina es deVermú”

Hay tiempos en donde los corazoncitos están más “chof” y tiempos en las que las alegrías las celebras veinte veces. Pués ayer 4 de enero nos vino una en forma de publicación en el suplemento CMG (Con Mucho Gusto) del Heraldo de Aragón, donde se hacían eco de nuestra mermelada “Capricho de Borraja con Choco Blanco y Avellanas” elaborada por Manuela en “El Ababol”

Que decir ni añadir a un artículo precioso de la pluma de J.L. Solanilla, pués eso, simplemente GRACIAS.

Chiqueta se ponía el abrigo con la intención de ir a cervecear con “las perras del Picarral” (grupico peculiar y encantador a partes iguales), hacía días que  no se veían y había mucho de que repasar, todo eran risas y cañas y el apetito iba llamando.  Ivan el joven rumano de la barra llamó a Chiqueta y le dijo “yo prepararte algo para tú merendar, sano y vigoroso” a lo cual ella lo miró con ojitos durante la siguiente media hora.  Se metió en la cocina donde tenía unas matas de borraja, las pasó a cuchillo y descubrió que ya se habían “subido” dando lugar a unos “tubos” en la base.  Alegre como un jilguero los arregló un poco y los coció con cariño obteniendo el envase más natura que la huerta nos dá (tres hurras por la borraja).  Buscaba por la nevera brandada de bacalao, que le había dicho el del Copón que íba fantástica con éstos temas, cuando se topó con un paté de olivas negras del bajo Aragón.  No lo dudó y se puso a rellenarlos, cortó unos trocitos de queso feta (griego) los pasó por tomillo, chorrico de aceite y al plato.

Chiqueta y sus amigas gritaban como si estuvieran en las ferias, la preparación de Ivan les había propiciado muchas risas, se habían dejado llevar por el escándalo y la maldad. Todo por un tubo (de borraja).

En efecto, estaba de parranda! pero hemos vuelto.  Volvemos con la ilusión intacta, con las ganas de alegraros algún ratico y de que vuestros ojos no pierdan de vista La Borraja.

La guía Pantone, por si hay algún despistado en la sala, es la que colorea el mundo, desde vestidos de ensueño hasta camisetas, de decoraciones exclusivas a réplicas perfectas sea en Nueva York o Teruel.   En donde hay color allí está.  Y claro el verde-borraja lo teníamos que encontrar.  Abstenerse puristas y desarreglaos emocionales, es lo más fiable que hemos encontrado para un punto de cocción óptimo y una luz ambiental (para la foto) demasiado cachonda.  Pero ahí la tenemos. Disfrutemos.

Al bajar del 35 la memoria se me agitó cachóndamente y me trajo muchas alegrías juntas.  Hacía tiempo que no volvía por aquí y todo parecía igual.  Teníamos un encuentro de amigos y creí que unos Bocados de Borraja acompañarían bien

 con un buen cava y unas risas.  El lugar era el de siempre “La Penúltima” con un Ivan orgulloso de ser feliz y un Falín a punto de jubilarse (por cascarrabias) a Asún se le oía trastear por el office entre juramentos, pero siempre con sonrisa… Los amigos empezaban a llegar, Roberto con Esther y Lorenzo con Pepa fueron los primeros y ya llevaban seis cervezas.  Al ratico Maribel y Nuria que nos traían patatas fritas con sabor a huevo frito.  También estaba Pepe que junto a Ana, la “hermana” y “mi” Mario eran los que más alborotaban, sin dejarnos a Mila y Jesús, aunque lo suyo siempre fue el baile, Araceli, las pipas y toda su troupe futbolera seguían en el banquillo y ese señor tan formal amante de la fotografía por supuesto también estaba.  Incombustibles como Ramón y el forestal a lo suyo, la Domi con toda la familia (yo he contado unos 47) y demás parroquianos, incluyendo al perroflauta de Paco y sus cortados, intentando pasarlo lo mejor posible.

Los Bocados los dispusimos en la mesa por orden de deseo, el comienzo con una tempura sobre salsa romescu y caviar cítrico con la razón de oxigenar, seguido de ahumado de esturión con borraja agridulde sobre rodaja de naranja sanguina con el fin llenar la boca de sensaciones, unas borrajas escabechadas nos abrirá la mente a lo inquieto y para acabar un milhojas de fresa & borraja frita con la intención de enamorar.  Todo eran risas y cava, transcurría todo en griterío (como siempre) hasta que Falin dijo “joercallaquevoyaponererBetis”

Manolete venía medio loco del mercado, le había prometido a su inspector de hacienda una cena

 resultona y molona y sólo tenía el pan.  No encontró, no vió, no se enteró… pero sólo pan.  Abrió la nevera como si de una plegaria fuera, queriendo encontrar “esa ce

 

na” y había borraja.  Se sobrepuso, buscó, encontró y rió, pensó y díjose para los adentros “nadie se resiste a un torrezno”.  Comenzó a prepararlo, desgrasarlo y mimarlo para de

spués dejarlo crunch. Fase uno, en marcha.  La borraja estaba espitosa pidiendo a gritos que la sacaran a bailar y así fué, la cogió entre sus brazos y en la hojita susurró “contigo una espumita”.  Creó primero la crema, con patata cocida, las hojas escaldadas, terminando con el zumo de una naranja (ahora hay sanguinas) y una chorrada de Cointreau (algo de canela, por si queremos pillar).  Puso la crema en un sifón de esos y guardó en la nevera.  Fase dos, en marcha.  Le faltaba el contrapunto y lo sabía.  Se pasó a casa de su vecino J. Mené y  le explicó lo que le pasaba, al minuto le ofrecía un “caviar cítrico” sonrío, lloró y volviose a casa mas contento que un gorrinico en charca.  Faltaban quince minutos para la cita con su inspector y comenzó a emplatar.  Con puntualidad suiza llamaron a la puerta, saludos de cortesía, unas botellas de vino, pasa por aquí…cerraron la puerta y no pude alcagüetear más, igual le sale negativa.